martes, 29 de noviembre de 2016

Ayudando al "perfecto improductivo": el móvil.

Bueno, después de haber dejado apartado a nuestro perfecto improductivo durante dos artículos, uno para preguntarnos por qué nos pagan y otro para celebrar mis 40 tacos, volvemos a ver si podemos echarle una mano y le ayudamos a ser un poco más productivo en su vida. Si te sientes identificado con su historia, entonces estás de enhorabuena (vamos a mirarlo desde el lado positivo), todas las acciones que pongas en marcha, por pequeñas que sean, van a tener mucho impacto en tus niveles de efectividad (no es lo mismo que productividad) desde el principio.

En vez de ir viendo que cosillas hacía mal nuestro perfecto improductivo, al que vamos a llamar Manolo, por ponerle un nombre y poder referirnos a él; he pensado que vamos a ayudar a Manolo por ciertos bloques temáticos: el móvil, el correo electrónico; la agenda; las reuniones... Así que hoy he decidido meterme con el móvil, uno de esos mal llamados "ladrones de tiempo" (véanse este reciente artículo de @dasanru o este otro recién salido del horno de @jerónimosanchez sobre el tema), una fuente de improductividad cuando es mal utilizada, pero que puede ser maravilloso cuando sabemos utilizarlo en el sentido correcto. Así que Manolo... estate atento y a ver si encuentras algo interesante y aplicable.

El mal uso del móvil.

Si recordamos la historieta de Manolo, leíamos que nuestro personaje cogía el móvil sin ni siquiera levantarse de la cama (seguramente lo usa de despertador - ya diría que MAL) para revisar el correo electrónico del trabajo (MAL); y a lo largo del día lo utilizaba para llamar en un momento libre (eso NI TAN MAL) y para entrar a ver twitter en una reunión (MAL). Sin duda un uso poco productivo, pero que todavía podíamos ampliar.

Las estadísticas dicen que miramos el móvil unas 150 veces al día, esto es una vez cada 10 minutos (si el dato es cierto que se pone en duda), considerando incluso cuando estamos dormidos) y sin estar enamorados (lo cual duplicará las visitas al whatsapp) y que se usa unos 177 minutos al día (incluso más que la televisión). Mucho rato si lo utilizamos de forma improductiva. Algunos de estos usos negativos del móvil podrían ser:
- uso de notificaciones luminosas o sonoras que te distraen de la tarea que estás haciendo en cada momento.
- lectura (que no procesamiento) de un montón de e-mails. La inmensa mayoría se dejan en la bandeja de entrada para que los volvamos a leer desde el ordenador grande. Lo que contaba Manolo el otro día, vamos.
- contestamos a todas las llamadas telefónicas que entran independientemente de que estemos en un momento clave de nuestra tarea más compleja.
- uso lúdico del móvil cuando nos aburrimos en las reuniones, o incluso en las comidas con compañeros (y peor aún, con la familia!!!). Vamos que te están presentando algo, y tu te dedicas a mirar las fotos de la despedida de soltero en el facebook.
- análisis concienzudo del whatsapp y de todas las gilipolleces tonterías que te mandan en el grupo de los colegas de la despedida de soltero (normalmente cuando no quieres hacer esa tarea que tanto te molesta).
- ¿seguimos? Seguro que se os ocurren otras muchas.

¿Y si usamos el móvil productivamente?

Hemos mostrado un montón de malos comportamientos con el móvil, pero el móvil es un arma muy potente si se utiliza productivamente. Me encantaba una presentación que vi en la entidad en que trabajo donde un empleado con cierta experiencia en el Banco mostraba todas las cosas que había llevado en su cartera para viajes al extranjero y que ahora "cabían" en el móvil. Uno de los primeros móviles (si, si, uno de esos ladrillos); una cámara de fotos; una cámara de video; el walkman; el mapa; el GPS (al principio era un aparato al margen); el diccionario (por no decir que toda la enciclopedia británica); una novela (bueno, nuevamente ahora puedes llevar una biblioteca)... etc etc... Y el llevaba una cartera vieja con todo ese montón de cosas y luego sacaba el móvil del bolsillo, con el consiguiente cachondeo de todo el mundo e incluso algún efecto wow (la presentación estaba enmarcada en el paso de la blackberry al smartphone por toda la organización).

Mi Nuestra relación con el móvil no es fácil. Como se acaba de ver sirve para mucho, pero sin embargo decimos de él que es la mayor de nuestras distracciones. ¿Ponemos ejemplos de buenos usos del móvil?
- Es un aparato magnífico para tomar notas y llevarlas a una bandeja de entrada. Y si alguno está pensando en que escribir en el móvil es incómodo, le daré la razón. Pero ¿quien dijo escribir? La cámara de fotos o el micrófono del móvil son excelentes herramientas para anotarlo todo (el paso primordial para ser más productivo).
- Nos permite aprovechar momentos "perdidos" para hacer tareas muy sencillas. Comprobar que la cuenta tiene saldo y se han cargado todos los recibos mientras esperas el autobús.
- Me ha encantado en el libro "Superpoderes del éxito para gente normaldel Mago More (muy recomendable el libro y el resumen de Ruben Alzola)  su explicación acerca hablar por teléfono y caminar; o el uso de los auriculares para poder seguir "haciendo cosas" (siempre de escaso nivel de atención y con llamadas poco relevantes).
- En caso de que coja el tren de cercanías, el móvil me permite seguir con mi sistema de gestión de artículos y lecturas. Yo no soy usuario, pero es cierto que sirve para escuchar podcasts tanto en el tren como en el coche ayudado por el bluetooth. Y en el caso de los vuelos... Yo lo utilizo en el vuelo de ida (si aplica) para revisar y repasar la presentación que vaya a hacer y normalmente en la vuelta para jugar (no me gusta volar, por lo que no puedo concentrarme demasiado en los aviones y necesito ponerme a hacer otras cosas).
- Por cierto... desde la aparición del móvil el contexto de GTD @oficina para las llamadas telefónicas no tiene sentido (aunque habría que ver que fue antes si GTD o el teléfono móvil/smartphone).
- Ya que hablamos de GTD... Para repasar la lista de "próximas acciones" pendientes. En mi caso al salir de una reunión en otro edificio que no es el mío. De hecho, existe un apartado enorme de aplicaciones de productividad en los principales markets y FacileThings es una de ellas.
- Otras muchas que seguro que se te ocurren.

Resumiendo que es gerundio.

"Hay más potencia de cálculo en el bolsillo de tu chaqueta que la que sirvió para llevar al hombre a la luna. Ten cuidado para que la utilizas". Me encanta esta frase. Así como esta imagen que nos muestra el motivo principal por el que las pantallas de móvil han vuelto a crecer. Lo que nos tiene que hacer reflexionar que el problema de la improductividad asociada al móvil no es culpa del aparato en sí, sino de uso que nosotros le damos. Es cierto, es una tentación que nos permite evadirnos de nuestras obligaciones; pero es una herramienta increíblemente potente que nos permite ser mucho más productivos en cualquier momento que tengamos. Depende de ti como lo utilices.

¿Y tu? ¿Es el móvil tu perdición o tu salvación? ¿Lo consideras amigo o enemigo?

Nos leemos.

PS: El fotón de hoy está sacado de Flickr. Es de Anant Nath Sharma y se titula "331/365. For Those Who Hate iPhone."


lunes, 21 de noviembre de 2016

Cambiando de versión: instalando la 4.0

No, tranquilos, no hay que cambiar nada en el ordenador, móvil o tablet para seguir leyendo este blog. El que cambia de versión soy yo. El día 22 de noviembre (o sea, mañana si me da tiempo de publicar esta noche) cumplo 40 tacos. 40 añitos desde que mi madre me trajo al mundo (y muchas gracias que le tengo que dar). Dejo la versión 3.9 y paso a la 4.0 que debe ser un salto muy grave grande. Todo el mundo decía que las versiones 3.X eran muy especiales y de hecho puede que así hayan sido. En estas "versiones" me he comprado un piso, me he ido a vivir a otro país, me he casado, he vuelto a España, he tenido un hijo... Y sin embargo, este cambio de versión yo lo quiero ver como algo meramente incremental. Por decirlo en términos de versiones de móvil, quiero pasar de la 3.9.364 a la 4.0.1 sin problemas. Y de eso quiero hablar hoy, de cómo hemos modificado nuestro comportamiento ante el cambio.

Tengo una "compi" que me hacía reír mucho cada vez que le cambiaban el windows. Que si la opción A ya no estaba donde siempre. Que si porque tenían que cambiar el menú de inicio. A mi padre (el otro responsable de que hoy cumpla 40) le ponía de los nervios que en el windows 7 no le aparecía donde siempre el botón de apagar. Y es que tenemos resistencia al cambio. Nos joroba que las cosas dejen de estar "en su sitio" aunque su nuevo lugar sea más racional y tenga mucho más sentido. Puedes olvidarte de los menús del ordenador e imaginar que has decidido cambiar el armario donde guardas la sal. Seguro que te sorprendes cien veces abriendo el armario que no es. Y es que somos animales de costumbres y el cambio nos molesta...

O molestaba...

El smartphone no tiene ni siquiera diez años. En Junio del próximo año el iPhone cumplirá esa edad. El ecosistema de mercados y apps hace una década no existía. Y nos ha cambiado la vida y las costumbres. Tanto que cuando no cambian nuestras apps, cuando no se actualizan, en un mes o un par de ellos como mucho, nos preguntamos si el desarrollador se ha muerto. Nos jode fastidia que no cambien las apps. ¿Que pasa? ¿Ya no van a actualizarzla? Algunas personas han empezado a ver el cambio como algo positivo, aunque es cierto que esto no nos sucede a todos, que hay gente que sigue prefiriendo que los botones sigan en su sitio y que las cosas no cambien aunque sea para mejor. Una cantidad de gente importante ya esperamos el cambio, estamos deseosos de ver las novedades.

Pero también ha cambiado nuestra capacidad de aceptar errores en los demás. En el móvil todo es una beta constante. Todo está en perenne evolución. Las metodologías agile crean un producto mínimo viable y lo van mejorando poco a poco. Y esto significa que en una de esas actualizaciones de una app cualquiera, que casi son silenciosas para uno, de repente el botón más usado "peta" y la app da un montón de errores y deja de funcionar. Normalmente el parche para solucionarlo no se demora ni 24 horas y todo vuelve a la normalidad. Caerán un par de collejas por redes sociales, unas malas valoraciones en el market. Pero prefieres que se te estropee un par de días la app por los nuevos cambios a pensar que el desarrollador se ha ido a las Bahamas y que tu app va a quedarse así para siempre.

De hecho yo estoy convencido de que cuando en la actualización, el texto de la misma señala "Cambios menores" es que le han metido un par de mayúsculas olvidadas y una frase nueva y que el cambio es simplemente para advertirte de que siguen vivos y moviéndose por mejorar la app, aunque esta vez les ha pillado el toro y no les ha dado tiempo.

En resumen, creo que todo esto de las apps, los móviles y las versiones nos hacen ver el mundo de forma diferente, nos hacen entender que lo único que permanece es el cambio y que tenemos que aprender a vivir en estos modos "agile" de mejoras continuas. Así que lo dicho, creo que el día de mañana será simplemente el cambio a la versión 4.0.1 de esta vida que vivimos. Además, como le acabo de decir a mi madre por el teléfono... la alternativa a cumplir 40 años es bastante peor...

¿Y vosotros? ¿Como vivís los 40 los cambios? ¿Consideráis que ha habido un cambio en la aceptación de los cambios?

Ps: Nuevamente he dejado colgado a nuestro "Perfecto improductivo", pero es que la ocasión lo merecía.

Nos leemos.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Y a ti... ¿por que te pagan?

Si soy sincero, se que hoy (o mejor dicho anteayer, que voy con retraso) tenía que estar escribiendo sobre nuestro "perfecto improductivo". Se supone que tocaba echarle una mano al colega, que es un desastre intentando ser un poco más productivo. Pero es que esta semana leí en mi feedly un artículo de Andres Perez Ortega, gran escritor de temas de Marca Personal, titulado "Te pagan por el valor, no por el esfuerzo" y he de reconocer que me ha hecho pensar mucho. En el artículo se indica que el esfuerzo es importante, pero que se paga por "algo más" y señala:
Si te pasas la vida estudiando, quizás tu familia te dará palmaditas en la espalda o te dirán que estás trabajando mucho y que además eres muy listo y estás muy preparado, pero si no eres capaz de hacer algo valioso con todo eso es como tener un ordenador de última generación para jugar al buscaminas.
Como he estado rumiando el tema, finalmente "ha acabado por salir" (vamos, que lo he sacado a colación) en algunas comidas del trabajo. Oye... y resulta que ha sido más que interesante. Tanto que al final he decidido que cambiaré el orden de los factores y la próxima semana ayudaré a nuestro improductivo favorito. Así que hoy voy a  intentar contestar publicar las reflexiones sobre la pregunta de: "Y a mi... ¿Por qué me pagan?"

Vaya por delante que esto son opiniones personales que uno se forma a partir de lo que lee, lo que observa y lo que vive en su día a día laboral (esto en mayor porcentaje). En mi caso, creo que estoy en un puesto de "trabajadores del conocimiento", ("somos knowmads" ha sido el lema este año), no fabrico un producto físico, no estoy en una cadena de montaje, no fabrico una pieza de software (si bien es muy asemejable en estos conceptos), sino que presto servicios (en mi caso creo información de gestión, apoyo para la toma de decisiones) y lo hago además de forma cuentajenada en una empresa privada. Quizás otros enfoques puedan aportar visiones distintas y seguro que enriquecedoras, como por ejemplo el mundo de los autónomos y emprendedores. Os comparto aquí algunos de mis pensamientos.

No te pagan por ir a trabajar... ni por estar allí.

¿Conoces a alguien que es capaz de estar ocho horas en el trabajo y no pegar un palo al agua? ¿Andar pajareando de un lado a otro y no producir? ¿Y que además consigue que le den las nueve de la noche en el trabajo y llevarse trabajo a casa (por otro lado normal, si no has hecho nada en todo el día)? Yo los conocí alguna vez. Quizás no tan extremos, cierto. Pero luego además saben hacerse los sufridos... porque se llevan el curro a casa.
Realmente, no deberían pagar por estar en el sitio de trabajo. Hay peña que en dos horas hace más curro que otros en diez. Y esto nos podría llevar al tema del teletrabajo, pero esa es otra movida. Pagar por calentar la silla es una mala práctica. Si estás allí hasta las nueve de la noche, pero estás mirando al facebook ("Facetime" le llamaba un compañero mío), no deberías estar cobrando por ello. Cuando yo empecé a trabajar, hace 15 años, esto no pasaba (lo del Facebook) aunque ya en aquel entonces se alargaban las tardes con otras artes, pero posiblemente menos. Decididamente no te pagan por ir, o no te pagan sólo por ir.

No te pagan por hacer.

¿Conoces a personas que son capaces de generar cientos de presentaciones, estar en millones de reuniones, hacer informes, videoconferencias, etc y que sin embargo no aportan? No se puede decir que no trabajen, al contrario, tienen una capacidad de trabajo brutal. Sin embargo,  hacer por hacer es totalmente inefectivo
"No hay nada tan inútil como hacer con gran eficiencia algo que no debería haberse hecho en absoluto". Peter Drucker.
Y eso en este trabajo de knowmad, donde se define el trabajo mientras este nace es algo que puede suceder cuando no hay criterio. De hecho, hay gente que vive en este modelo, haciendo cosas que no aportan ningún valor, o que incluso a veces lo restan, alejándote del objetivo o poniéndote obstáculos en el camino. En este tipo trabajo no existe la unidad de producción y espero que no se le mida a nadie por la cantidad de slides de powerpoint que haga (aunque a veces parece que sí, ¿lo creéis?). Realmente no te pagan sólo por hacer.

Te pagan por aportar valor, por conseguir.

Te pagan por alcanzar tus objetivos y por crear valor. Lo cual es increíblemente complicado de medir. Mas aún cuando normalmente esas metas se crean conforme el trabajo aparece. E incluso no siempre es sencillo saber cuando se ha cubierto el objetivo, ni si se ha cubierto al 100%. Aunque... ¿será necesario? Recordemos que la excelencia es enemiga de lo bueno, amiga de parkinson y la chapuza tampoco es productiva
Un ejemplo: Esta semana he estado dando una sesión en un Máster muy relacionada con mi trabajo actual. 45 minutos de ponencia. El producto es la ponencia. La dí. Ergo cumplí el objetivo... Pero mi objetivo en realidad no es dar la ponencia. Mi objetivo era conseguir que los alumnos encontraran la ponencia interesante, constructiva y les aportara, sin dormirse durante los 45 minutos. El indicador de éxito es que te llamen para seguir dando la ponencia en el próximo curso. Y previamente, el feedback de los alumnos y del profesor titular. Yo he cubierto mi objetivo 48 horas después de dar la ponencia. En principio, el producto a entregar era la charla,pero no es lo mismo soltar una charla decente, que una charla mediocre o mala. Vaya lío es encontrar el equilibrio.
Pero si como estoy diciendo, es tan difícil medir la consecución de los objetivos... ¿entonces como es que te pagan por conseguirlo? ¿Qué te pagan? ¿Es objetiva dicha medición?

Te pagan por ir, hacer y conseguir.

Al final, creo que te pagan por las tres cosas. Existe una parte de paga fija, que viene a cubrir los dos primeros "tramos": "Ir" y "Hacer". Te pagan porque estés allá y pienses en como tienes que hacer las cosas. Te pagan por hacerlas. Por estar fabricando slides de powerpoint, por hacer que el proyecto avance, por hacer los cálculos necesarios, por seguir formándote para seguir trabajando mejor cada día. Si no cubres los objetivos te siguen pagando esa parte fija. Pero también hay una parte que es variable y que debería cubrir ese cumplimiento de Objetivos, ese llegar a la meta y aportar para cumplir con el propósito de la empresa. Pero... ¿que porcentaje debería ser ese variable? ¿Un 25%? ¿Un 50%? ¿Depende del nivel de responsabilidad? ¿Del nivel de participación? Otro gran tema para pensar y darle muchas vueltas. Y eso hablando de los cuentajenados. Porque cuando pienso en colegas que trabajan por cuenta propia, por proyecto... 

¿Cuál es el modelo de pago? Me gustó mucho escuchar a una persona señalar que la parte fija que cobra es muy baja pero que el "premio" por conseguir el objetivo era brutal. Y enfrentaba dicho modelo a uno de coste fijo, más alto que la parte fija del anterior, pero más barato que el total. Y de hecho calculaba que por cada hora que facturaba le tocaba currar tres horas pero ese era el modelo que estaba instaurando en sus relaciones con los clientes.

Cómo ya decía, he estado dándole vueltas al tema. Y se las sigo dando. Llego a una conclusión, mi conclusión, que tampoco se si es muy acertada, por lo cual esta vez agradeceré aún más los comentarios y las ideas al respecto. Es un tema complicado (o a mí me lo parece) y ni siquiera se si (una vez releído tres veces el artículo) he conseguido expresarlo bien. Pero a lo mejor he conseguido que ahora te preguntes.... ¿Y a mí... por qué me pagan?

Nos leemos.

Foto de Pictures of Money. EN flickr. Money


domingo, 13 de noviembre de 2016

El perfecto improductivo

Hoy he estado productivo como pocos días. Me van a tener que dar el premio al más eficiente. Os cuento. Esta mañana me he levantado, y como ya es un hábito en mi, sin salir de la cama, he revisado la bandeja de entrada del e-mail del trabajo. Bueno, como han entrado un par de cosas del jefe he pensado que lo mejor sería ocuparse de ellas nada más llegar a la oficina. Las he dejado en la bandeja de entrada no fuera a ser que se me olvidaran. Este truco me ha funcionado siempre y creo que es muy recomendable.

He puesto el modo multitasking. En casa he conseguido dejar al niño preparado para ir al colegio, y recopilar toda la información que ayer dejé esparcida sobre la mesa. Si es que cuando me pongo, soy un hacha. Para que luego me digan eso de que los hombres somos monotarea, si parezco un bailarín de platos chinos. Luego me he dado cuenta de que no se había tomado toda la leche y que ha salido sin peinar de casa... bueno, detalles sin importancia.

Para cuando he llegado al trabajo ya habían entrado cuatro correos más. Más vale que me da por revisar el correo cada media hora. Por cierto, que tengo que ver si consigo vaciar la bandeja de entrada, que he leído que es muy productivo. Y me he ido a por el café con el compañero. Estaba bastante concentrado con el silencio que había allí, pero como se lo he propuesto un par de veces... no ha sabido decir que no. Si es que se parece mucho a mí. Luego, con el café, seguro que ya se pone a toda caña.

Me he cabreado un poco al llegar al trabajo y ver la agenda. Tenía un par de reuniones casi pegadas y una la había convocado yo. Más vale que no tenía que enviarles agenda a los demás, porque me iba a hacer perder un tiempo muy valioso. Y al salir de la mía tenía que ir a aquella que me convocó el Departamento de --- (se dice el pecado pero no el pecador). No pintaba nada, pero como Menganito me pidió que fuera... Más vale que finalmente, cuando he llegado allí, en medio de la reunión he podido sacar el móvil, contestar a un par de mails y echarle un ojo al twitter; así que... sin problema.

También he aprovechado un momento de descanso y le he enviado el mail a Fulanito, que lo tenía pendiente y me venía dando vueltas por la cabeza todo el rato en el coche. Por si acaso le he llamado a los dos minutos para cerciorarme de que se había enterado. Así que bueno, ya se encargará él de entregarlo a tiempo. Yo realmente no entiendo muy bien para que quieren ese trabajo, pero bueno, se hace y punto (si lo piden por algo será y nosotros estamos para dar servicio).

Es verdad que ha habido un rato en el que me he relajado y he estado navegando un rato por Internet. Ya sabes, entré a mirar una cosa del curro, había un link interesante y de repente he visto el titular del Marca... He de reconocer que me he entretenido un poco mirando las noticias y luego con las opiniones del aparatito que quiero mirar para casa, pero bueno, ya me queda claro el modelo que necesito y además, como estaba seguro de que me iban a dar aquí las ocho de la tarde... Tampoco me van a poder decir nada si yo saco un huevo de trabajo.

La tarde se me ha hecho más larga, porque la comida ha sido pesada. Han dicho de ir a caminar cinco minutos, pero me he negado y he preferido sentarme delante del ordenador. He estado mirando un rato el Facebook, pero oye ellos estaban caminando por ahí. Por cierto, mi sistema de pilas de papel encima de la mesa ha vuelto a mostrar su eficacia como método de archivo. Le he encontrado al jefe el documento en menos de diez minutos... no se porque dice nada del orden de la mesa si total aquí no se sienta nadie más que yo.

Han venido un par de personas por mi sitio y he dejado todo lo que estaba haciendo para atenderles a ellos. Una cosa ya hemos resuelto no sin problema y la otra la tengo en mente para completar mañana. Si ya os he dicho antes que no se decir que "no", pero es que me encanta poder ayudar a mis compañeros. Y al final he tenido que jugar un rato a no hacer nada y me he ido a un par de mesas de compañeros a charlar un rato. Y cuando han dado las 20:00 me he ido con la sensación del deber cumplido. A ver mañana que entra en el correo y nos ponemos a la tarea.

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En negrita están los comportamientos improductivos (creo que no se me ha escapado ninguno) de nuestro sujeto, al que no pondremos nombre porque es inventado. Si eres un lector habitual de temas de productividad estoy seguro que te has dado cuenta de la ficción. O quizás has deseado llegar al final para que te diga que es una ficción. Pero... ¿cuantos lectores podrían levantar la mano si alguna vez han caído en alguno de los comportamientos descritos? Y lo que sería peor... ¿cuantos consideraban que haciendo algo que es totalmente improductivo estaban haciendo lo mejor? ¿Podemos encontrar comportamientos así (bueno, no tan exagerados) en nuestras empresas? ¿Qué podemos hacer para solucionarlos? En próximos artículos intentaremos solucionar los problemillas a nuestro perfecto improductivos.

Nos leemos.

Foto: A messy desktop. En flickr. Bill So.

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miércoles, 9 de noviembre de 2016

De la colaboración y el trabajo entre equipos

En la actualidad la colaboración entre equipos y personas es tendencia. Incluso se puede llegar a decir que estamos en un momento burbuja de la colaboración. Un hype (palabreja de esos que aparecen en un bingo de la transformación digital como obligatorio de usar si no quieres parecer del siglo pasado). Y no quiero decir que sea mala la colaboración entre equipos, que nadie lo lea así. Por si acaso lo dejaré en positivo: La colaboración entre equipos es buena y necesaria. Pero es que es cierto que ahora es el momento de promoción y bombo absoluto de las herramientas colaborativas. Todo lo compartimos. Tenemos grupo de whatsapp, red social interna del trabajo, redes sociales como las del resto de mortales, "grupos" en el outlook y una unidad de red compartida y sincronizable. Eso por no decir que ahora, con el Office, tres, cuatro o n personas pueden tener abierto el mismo powerpoint a la vez, trabajar con él al mismo tiempo y que los cambios se guarden en una versión actualizada del documento sin problema alguno (esto es exagerado, sin duda, pero es cierto que se gestiona bastante bien con un poco de organización). O que en estas semanas Microsoft anunció una herramienta propia, Teams, para competir contra Slack, que es la herramienta de la colaboración por excelencia.

Pero como en muchas otras materias, la colaboración no es una cuestión de herramientas tecnológicas, sino una cuestión mental. Las herramientas nos lo hacen más fácil, cierto, pero la colaboración en el trabajo y entre los equipos es muy anterior a la edición compartida de documentos en el ordenador.

Un equipo no es solamente un grupo de personas que se organiza para realizar una actividad o trabajo. Hay algo más. Los miembros del equipo comparten un objetivo común (podría ser un propósito) y todos saben sus objetivos propios y el papel que cada uno desempeña para alcanzar ese objetivo común. Y sólo se busca el logro del objetivo común. De nada sirve el logro individual si el colectivo no se alcanza. Y eso exige mucha comunicación y mucha colaboración. Y el proceso no es simple y para alguien muy cerca de entrar en los cuarenta puede ser más largo que para los millenials que ya lo están viviendo así desde su nacimiento.

Tuve mucha suerte, porque durante mi estancia en Lisboa hace diez años (de la que ya hablé en el artículo anterior) fui parte de un equipo que, sin todas esas herramientas, me enseñó a comprender el valor de la cooperación y la colaboración. El dejar de considerar el yo y pasar a pensar en el nosotros. El alegrarme de los logros de mis compañeros como si fueran míos. El de entender que por encima de mi objetivo, había otros superiores y que el mío no era sino un medio para alcanzar el resto. Y comprender que mis datos no eran para nada míos, sino de la empresa y que por tanto debían estar disponibles para todo colega que quisiera aportar valor con aquellas informaciones. Por aquél entonces no existía twitter o justo estaba naciendo y seguía vigente la premisa de que quien tenía la información tenía el poder.

He tenido suerte. Hace algunos años trabajé en la creación de la primera Red Social de Intercambio de conocimientos de mi empresa. Me enseñó que las herramientas pueden facilitar la colaboración, pero que es necesario un proceso mental para alcanzar ese estado de colaboración óptimo. Conocí usuarios que encontraron en aquella red información muy útil para conseguir sus propios logros, pero que luego eran incapaces de compartir nada porque su trabajo "era confidencial". Y conocí a personas que queriendo crear otra comunidad, no encontraban que información poner allí sin que aquello mermara su poder centralizador.

Y sigo teniendo una suerte brutal, porque ahora trabajo en un equipo donde la colaboración está en su ADN. No es necesario que se pida a la gente que comparta su conocimiento. Es una idea que la mayoría ya trae "de serie" (bueno, unos de serie y otros lo han añadido a lo largo de su carrera profesional). Las personas que crean algún contenido no tienen problema en prestarlo a todos los demás; pero quienes lo usan no dudan en reconocer la autoría y el buen trabajo del padre de los documentos o las ideas. Un equipo que piensa en un modo de producción Creative Commons (le voy a tomar la idea al jefe) y que trabajan como una auténtica red de conocimiento.

Esta forma de trabajo cada vez tiene más adeptos y cada vez más personas entienden así la colaboración. Pero eso no quita para que sigan existiendo (y estarán entre nosotros durante años) aquellos que entiendan la colaboración sólo como el uso de la herramienta y no como el hecho de compartir y colaborar en sí mismo. Que utilizarán las herramientas para atesorar informaciones del resto y llegar a cumplir sus metas sin importar lo que suceda con el resto.

No os creáis, que durante este tiempo he podido reafirmar mi cariño por las prácticas colaborativas visitando de vez en cuando el lado oscuro. Equipos sin ningún sentimiento de unidad o pertenencia (ese grupo de gente trabajando en un sitio único sin conocer quien se sienta a su lado); donde el flanco derecho no sabe que hace el flanco izquierdo; o incluso donde se esconden informaciones entre ellos porque se ven como equipos competidores, algo que hace no mucho tiempo era la forma de trabajar en varias empresas.

¿Y vosotros? ¿Vivís en esta ola (o tsunami) de la colaboración? ¿O estás a mitad de camino entre la burbuja e el lado oscuro? ¿Cuanta gente está subida? ¿Se quedan en el detalle o llegan hasta el cogollo de la misma? Y sobre todo... ¿será esto otra moda pendular o habrá llegado para quedarse?

Nos leemos.

Foto de Budzlife: Team Work en Flickr

domingo, 6 de noviembre de 2016

El "propósito" y su poder motivador

Esta semana tuve un intenso pero simpático día de trabajo en Lisboa. Y para mi Lisboa, es como una segunda casa. Quienes me conocen un poco más lo saben, pues allí pasé una temporada (18 meses para ser exacto) que recuerdo como un grandísimo momento profesional (y también personal) de mi carrera (y de mi vida). Y es que pese a alejarme de mi familia y de mi casa recién comprada, dejé tan buenos amigos y tengo tan gratos recuerdos... Y el caso es que ayer me preguntaba el porqué. ¿Qué sucedió en mi etapa profesional en Lisboa para que tenga tan grandes recuerdos? Y dándole vueltas, creo que allí entendí perfectamente que era eso del "propósito" y me di cuenta de su increíble poder motivador.

¿Qué es eso del propósito? Yo suelo explicarlo como ese objetivo superior al que contribuye nuestro trabajo. Es decir, nuestro trabajo tiene un objetivo; y dicho objetivo debe estar encuadrado en otro de mayor calado, que es al que vamos a llamar propósito

Como ejemplo, y al hilo de la foto del Monumento a los Descubridores de Lisboa, tu objetivo como cocinero del Barco sería dar de comer bien a unos marineros. Sin embargo, tu propósito (y una palanca de gestión para el Capitán) era ayudar a que los marineros tuvieran la fuerza necesaria para llegar al nuevo mundo. 

Cuando conocemos ese propósito al que servimos y entendemos la grandeza del mismo, entonces somos exponencialmente más productivos, porque vamos a estar más motivados. De hecho, el propósito es uno de los factores de motivación intrínseca más poderosos y ya lo comentamos también en este blog al hablar de la motivación.

Yo fui a Lisboa a generar información de gestión (y de hecho ese sigue siendo mi trabajo allá por donde voy). Creo información a partir de datos; pero no la creo por crear, sino que intento producir información útil para tomar decisiones. Y los usuarios de dicha información son principalmente los miembros de la Dirección (vamos, que en mi caso, muchas veces, mis clientes son los jefes). Mi objetivo era que los jefes estuvieran contentos con la información que yo generaba. Y por estar contentos me refiero a que les fuera de utilidad. Recuerdo cuando vi alguno de mis cuadros en la primera Reunión Magna (Reunión con todos los Directores de Oficina) a la que asistía a los pocos días de llegar a mi nuevo puesto de trabajo. Más de mil personas recibían instrucciones a partir de la decisión tomada por algunos de las informaciones que había creado. El propósito de mis números era mover a miles de empleados a llevar el Barco al destino elegido.

Entonces te das cuenta de las responsabilidad que estás asumiendo. Un mal trabajo, una mala gestión de las cifras, de las informaciones y de las conclusiones podía llevar a tomar decisiones equivocadas que pueden hacer peligrar el Objetivo mayor de la empresa. Y ver aquello te hace sentir importante y por lo tanto le pones más énfasis a tu trabajo, más ganas. Sabes que repercutes en muchas más personas y que eres parte importante de un engranaje mayor. En suma, aquello era un reto.

Leí por algún lado una anécdota que define que es el propósito y es que cuentan que Steve Jobs le convenció a John Sculley de que abandonara PepsiCo con la frase "¿Vas a quedarte ahí sentado vendiendo agua con azúcar o te vienes conmigo a cambiar el mundo?". El propósito del trabajo de Jobs era ni más ni menos que cambiar el mundo (por cierto, que puede hacer un check en la lista de Objetivos cumplidos); si bien, ser la competencia de "la chispa de la vida" no debía ser menor.

Del poder motivador del propósito te puedes dar cuenta, sobre todo, cuando este propósito no existe, es desconocido para tí o no encuentras conexión entre tu trabajo y ese propósito. Y esto puede suceder algunas veces durante tu vida laboral; No le encuentras "el sentido" a tu trabajo. Es ese momento en el que sientes que tu papel es prescindible; cuando crees que restas más valor que el que puedes aportar. Esos momentos sin propósito en tu trabajo son auténticas lagunas en tu motivación y en tu productividad. Te cuesta levantarte por las mañanas, te cuesta encender el ordenador y te preguntas "¿que coño hago aquí?". Y eso influye como se puede imaginar en tu rendimiento.

En febrero habrán pasado diez años desde que llegara a Lisboa y tengo tanto que agradecer a las personas que me acompañaron por allá, mis jefes, mis compañeros, mis amigos... Allí aprendí muchas cosas de las que hoy pongo en práctica y de las que a veces escribo. Y como he contado, allí supe lo que era el propósito. ¿Y vosotros? ¿Tenéis claro cual es ese fin superior al que servís? ¿Os habéis encontrado alguna vez sin ese propósito? ¿Qué situación recordáis con más agrado?

Nos leemos.

domingo, 30 de octubre de 2016

Varias lecciones de "Aprendiendo de los mejores"

Hace unos días acabé de leer "Aprendiendo de los mejores" libro de Francisco Alcaide que nos trae resumidas algunas ideas de más de 50 personas de las que podemos aprender mucho para nuestro desarrollo personal. Un libro que regalé ya en su primera edición a un jefe que se marchaba a iniciar una nueva etapa de su carrera profesional y que me había enseñado muchas buenas cosas en el tiempo que estuvimos juntos. Y que sin embargo no había comprado para mí, así que aprovechando la décima edición me hice con uno de sus ejemplares. Yo lo he ido leyendo en pequeñas dosis y me ha parecido brutal. Pero no soy el único, mi suegra, de 80 años, lo cogió un día porque lo vio por allí y no fue capaz de soltarlo en los 4 días que resolvió su lectura total. Y le encantó. Así que ambos lo recomendamos, creemos que su lectura aporta. Apaga un rato la televisión cada día y dedícalo a leer los consejos de dos o tres de estos "triunfadores". 

Más de 50 personajes, diez puntos por personaje, 300 tips adicionales... Y las ideas que sigue habiendo dentro de cada una de las enseñanzas del libro... Algo seguro que he podido aprender de este libro. Y este resumen-homenaje no es sino un subconjunto de lecciones, donde están aquellas que más me han gustado, aunque no sean las únicas y que si es cierto se repiten entre varios de ellos. Pero es que no hay mejor compendio de este libro que su lectura íntegra

Las he agrupado en 5 de acuerdo a la temática que me parece común entre ellas.

Entendiendo que es el éxito.
Las definiciones de éxito son muy diferentes y personales. Y esto se nota en el libro. Aquí van unas sugerencias para ver como cada uno puede completar su definición de éxito particular.

  • Éxito es vivir como uno desee. Bertrand Rusell.
  • El éxito es alcanzar el equilibrio en todas las áreas de la vida. Zig Ziglar
  • Busca la felicidad. El éxito o la felicidad con uno mismo. Ferrán Adriá.
  • El éxito es un estado de ánimo. Og mandino.
  • El que sabe contentarse con lo que tiene siempre será feliz. Lao Tsé. 

A ninguna le falta razón, ¿no? Lo decía anteriormente... ¡es tan personal la definición de éxito! Define que es éxito para ti y trata de alcanzarlo. Si ya tienes éxito, entonces disfrútalo.

Buscando el éxito haciendo algo que nos guste.
Una ves sabemos que es para cada uno de nosotros que es el éxito... ¿como podemos alcanzarlo? Hacer lo que amas es una posibilidad en la que muchos coinciden.

  • El único modo de hacer un gran trabajo es amar lo que haces. S. Jobs.
  • El entusiasmo es indispensable para la perfección. Bertrand Russell.
  • La gente rara vez tiene éxito a menos que se divierta en lo que trabaja. Dale Carnegie.
  • Encuentra una actividad que te haga vibrar. Eduardo Punset.
  • Ama lo que haces. Ámalo o déjalo. J. Gitomer.
  • Haz del ocio un negocio. Valentín Fuster.

No lo puedo negar, es cierto. Para hacer las cosas bien hay que ponerles ganas y le pones ganas a lo que te gusta. Pero a veces es muy complicado eso de buscar el trabajo que amas, cuando a tu lado hay quien no tiene ni empleo. Por eso, supongo que también es necesario buscar algo que amar en el trabajo que haces. Y si lo que haces no te gusta, intentar cambiar algo para salir de un círculo vicioso muy negativo.

Este punto además tiene un tema adicional. Normalmente nos gusta aquello que se nos da bien. Por eso, dedica muchas horas a aquello en que eres bueno. Y muchos de las personas del libro nos lo recuerdan:
  • Dedícate a aquello que haces mejor. Donald Trump (en su vertiente empresarial).
  • Dedica muchas horas a las competencias que se te dan bien. Eduardo Punset.
  • Agárrate a aquello en que eres bueno. Tom Peters.
  • Saca provecho a lo que sabes. Warren Buffet.
Evitando la parálisis por el análisis.
Son varios los mejores referidos en el libro que se refieren a este tema. Muchas veces nos gustaría tenerlo todo bajo control y andamos buscando el momento perfecto para hacer algo, que se dará cuando tengamos todas las variables y las incógnitas atadas y bien atadas. Este es posiblemente uno de mis puntos débiles. 
  • Todas las teorías del mundo son inútiles a no ser que haya acción. Louise Hay.
  • Si no hay acción no has decidido nada. Anthony  Robbins
  • Visión sin acción es igual a sueño. J. Welch
  • Deja de pensar y actúa. Tom Peters.
Como jugador de ajedrez que fui, malo pero jugador, analizaba muchas posibilidades, decenas, y hay muchas partidas en las que perdí por tiempo. Tanto pensar en posibles situaciones posteriores y no movías pieza; te apurabas de tiempo, las siguientes decisiones iban mucho más apresuradas y perdías por falta de tiempo o por cagarla en un movimiento posterior. Algo así no se puede repetir en tu día a día laboral (y personal).

Formándote de forma continua.
En el acto conmemorativo de la décima edición del libro, Francisco Alcaide se apoyaba muchísimo (y no me extraña) en los temas de formación y les daba gran relevancia. Hay que estar aprendiendo continuamente.

  • Tu activo más valioso es tu capacidad de aprendizaje. Brian Tracy.
  • Debemos seguir aprendiendo contínuamente. Jeff Bezos.
  • La gente de éxito tiene grandes bibliotecas, el resto grandes televisiones. J. Rohn.
  • La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo. Nelson Mandela.
  • La lectura de un libro puede hacer la fortuna de un hombre. R. W. Emerson.
  • Tu mente es tu principal activo. Robert Kiyosaki.
  • Debemos reconocer que no sabemos lo suficiente. Toni Nadal.
  • Todos los líderes son lectores. Zig Ziglar.
  • Compartir tus conocimientos es una forma de alcanzar la inmortalidad. Dalai Lama.

Recuerdo que mi padre tenía muchos libros de gestión empresarial y que leía mucho. Siempre estaba formándose. Yo siendo crío no entendía muy bien aquello. Ahora que han pasado treinta años... me veo, no sólo "perdiendo" el tiempo leyéndolos, sino que encima los resumo. Vamos, que si leer no me es suficiente, encima escribo un blog (¿Será por la sentencia del Dalai Lama?)..

Quejándonos y criticando no llegaremos a ningún lado.
Hay gente que pasa el día quejándose y dándose cuenta de lo bien que le va a todo el mundo y de lo mala que es su vida. "El resto del mundo tiene una suerte que te cagas" y "el universo tiene un complot contra mí" es parte de su pensamiento. Y sin embargo...

  • El éxito no es derivado de la suerte. Ferrán Adtriá.
  • La vida no es justa. Acostúmbrate a ello. Bill Gates.
  • La realidad no es como quieres que sea. Jack Welch.
  • Somos adictos a la queja. Luis Rojas Marcos.
  • Si no te gusta lo que sucede, cámbialo. Jim Rohn.
  • Libérate de la carga de los juicios. Deepack Chopra.
  • No pierdas el tiempo criticando. Richard Branson.
Es cierto. Nos quejamos de lo que tenemos y de lo que tienen los demás. Sólo vemos lo maravilloso de la vida del resto (¿quien no ha reclamado nunca sobre los tres meses de vacaciones de los profesores sin pararse a pensar como puede ser encerrarse con 25 niños (como poco) en un aula cinco días la a semana?). La suerte que acompaña a los demás y que es esquiva con nosotros (según nosotros, claro) es la que hace que los demás consigan las cosas... Esta claro que la queja no es el camino.

Por eso me quedo con otro par de ideas más.
  • Si lo das todo a cada instante la posibilidad acaba surgiendo. Oprah Winfrey.
  • Oportunidades bien aprovechadas generan más oportunidades. Sun Tzu.
Que lo que me vienen a decir es que lo importante es seguir trabajando bien, porque al final, la oportunidad acabará llegando.

En resumen. 

Un libro muy bueno, del que sacar muchos consejos para poner en práctica en tu vida. Y del que tengo que agradecer a su autor, el trabajo para poner al alcance de todos tan buenas ideas y pensamientos. Si ellos se tomaron su tiempo para poder dejar su conocimiento al mundo a Francisco Alcaide hay que darle las gracias por dejarnos tanta sabiduría en un formato tan resumido, ordenado y tan escrito para todos.

¿Y vosotros? ¿Habéis leído el libro? ¿Que enseñanzas sacasteis del mismo? Nos leemos.