domingo, 19 de febrero de 2017

La mala suerte es el refugio de los fracasados

Lo que son las cosas. Mientras todo el mundo reclama de pasar las cenas de Navidad con sus cuñados, resulta que el mío me provee de temas para el blog y encima con titulares y todo. Hablando de los exámenes de mi sobrino en la Universidad soltó esta frase que luego he visto se le atribuye a Pablo Neruda. "La suerte es el pretexto de los fracasados" dice la versión original. Y es que no lo vamos a negar, todos nos hemos refugiado muchas veces en “la suerte” como elemento clave para nuestro devenir personal y profesional y en el de nuestros vecinos. ¡¡¡Mal hacemos!!! ¿A que es cierto que las personas que nos rodean y que triunfan en la vida, tienen mucha suerte y sin embargo a nosotros "parece que nos ha mirado un tuerto" y la mala suerte es la causante de que no hayamos triunfado en nuestras vidas? ¿Seguro que esto es así?

El éxito de los demás se debe a la buena suerte.

Cuando yo era más joven recuerdo ver en los telediarios matinales la canasta imposible de Jordan en el último segundo del partido de aquella madrugada. Se metía por donde no podía pasar, se ponía de espaldas a la canasta y cuando en el reloj quedaban décimas lanzaba un tiro imposible que casi avanzaba a cámara lenta para acabar colándose limpiamente en el aro rival dando la victoria a los Bulls por un mísero punto. Y ese recuerdo se repetía muchas veces (demasiadas cuando además no eras del equipo de Chicago). Qué suerte tenía… siempre.

En el mundo del deporte podemos recordar mil y un episodios de esta suerte. Hace unos días sin ir más lejos “el niño Torres” metió un golazo de espaldas a la portería… Aquella volea de Zidane que sirvió para ganar una Champions… Esa canasta de lado a lado del campo de Llull en Valencia… Mil y un “churros” que han dado partidos y campeonatos. Sin duda alguna, aquellos que están en el bando perdedor habrán pensado en "la potra" que tuvieron los que enchufaron aquella canasta, tiro, etc.

Y en el mundo del trabajo seguro que recuerdas a un montón de compañeros que crecieron profesionalmente y ascendieron en sus carreras por "pura chiripa" adelantando a otros muchos compañeros (entre ellos tú mismo) que no tuvieron su suerte. Y encima no le paso una ni dos veces... sino que ya está llegando a Director General de la compañía cuando tu sigues como "ayudante de becario". Están tocados por una especia de varita mágica que les inunda de suerte en su día a día.

Nuestros fracasos se deben a la mala suerte.

Y sin embargo nosotros... somos el colmo de la mala suerte. Desde jóvenes. Quien no ha dicho cuando éramos estudiantes eso de que "he suspendido porque he tenido mala suerte". Es más... normalmente esa frase correspondía a aquellos exámenes donde íbamos sólo con el 50% del temario estudiado. Buena suerte hubiera sido que te hubieran caído las preguntas de esa parte que tenías estudiada (que también pasaba, aunque entonces dijeras que eras un crack...). Y nos costaba reconocer que nosotros éramos el origen del problema.

En el trabajo la mala suerte también nos ha acompañado muchas veces... Si no me hubiera tocados ese jefe que no se preocupaba de sus empleados; si yo hubiera visto aquel anuncio de trabajo; si yo me hubiera presentado a aquellas oposiciones... Hemos tenido tanta mala suerte y tantas veces... que no hemos podido avanzar más de lo que lo hemos hecho. Nunca pensamos que si las cosas no nos gustaban como estaban podíamos hacer algo para cambiarlas.

Es bastante común en los humanos señalar que las cosas buenas que nos suceden se deben a lo buenos que somos y las cosas malas siempre se deben a la mala suerte (aunque sea al revés cuando le suceden al resto: tienen buena suerte para las buenas y no se lo curran para las malas).

Un secreto: La suerte se trabaja.

Michael Jordan decía que era impresionante, "cuanto más trabajo, más suerte tengo". Y ahí está la clave. La suerte no cae del cielo, ni hay un ser supremo de la suerte que la reparte a su antojo. Resulta que cuando cada día te quedas intentando tiros imposibles cuando tus compañeros se van a la ducha, ese esfuerzo, se convierte en canastas inverosímiles en los partidos. El secreto está en la práctica y en ensayarlo mil veces. Los demás, aquellos que no tenían suerte, es que no se lo habían currado.

Cuando al examen vas con el 100% del temario visto, entonces no necesitas suerte. En aquellas ocasiones, que tampoco eran tantas, yo decía aquello de "Suerte NO!!, Justicia". Porque no necesitaba esa suerte para aprobar. Es curioso... podía incluso parafrasear a Jordan, "Cuanto más estudiaba... más suerte tenía" porque más preguntas de las que me sabía caían en el examen.

En tu carrera profesional sucede lo mismo. Cuanto más trabajes durante tu carrera profesional, más suerte tendrás. Porque estarás ahí cuando surjan las oportunidades y porque además siempre te quedará esa sensación de haber hecho todo lo posible por conseguirlo. Algo que no sucede cuando no trabajas y que es el origen de tu mala suerte.

Y sin embargo hay que tener suerte.

Y pese a todo lo dicho, es cierto que la suerte existe, en un millón de factores exógenos sobre los que no tenemos control alguno y que nos pueden ayudar o condenar. Y sin embargo, nunca sabemos en esos casos si estamos hablando de buena o mala suerte, como señala el cuento corto sobre un anciano labrador y unos caballos. En una versión mucho más personal, a quien hoy es mi mujer le atropelló un coche el día antes de una entrevista laboral. ¡¡Que mala suerte!! Sin embargo, retrasaron su entrevista, y en el espacio de un mes cambiaron de persona que contrataba y modificaron el criterio para la contratación, lo que le permitió acceder al que hoy es su puesto de trabajo. ¡¡Que buena suerte!! Lo que ella ya había hecho, eso sí, era estudiar un Máster y superar los exámenes que fueron los que le abrieron la puerta a dicha entrevista.

¿Y vosotros? ¿Habéis tenido buena suerte en vuestra carrera? ¿Mala suerte? ¿Conocéis al tío con más suerte en cuanto a desarrollo profesional?

Nos leemos.

Fotografía: Dmitry Baranovskiy - Good Luck

domingo, 5 de febrero de 2017

Acaba ya con tu día de la marmota

Esta semana Phil, la marmota de Punxsutawney (Pensilvania, Estados Unidos) ha predicho que el invierno allí será largo. Y no es que esto nos afecte mucho por estos lares, pero es que el susodicho roedor y su día de fiesta, se hicieron mundialmente famoso gracias a la película "Atrapado en el tiempo" (traducción al Español del título que literalmente debería haber sido "El día de la Marmota" y que es como todo el mundo la conoce). Si no la has visto - pecado mortal - te la recomiendo y aprovecho para hacerte un resumen.

El periodista del tiempo (Bill Murray) acude al pueblo ya mencionado (no lo vuelvo a copiar y pegar) de muy mala gana con una nueva reportera, un cámara y una alta dosis de mal genio y actitud negativa para cubrir este evento muy relacionado con su campo, muy social aunque poco científico (para que negarlo). Asqueado de estar en aquel pueblo y con aquella gente, intenta "huir" esa misma tarde del mismo a pesar de la tormenta que se avecina. Sin embargo las carreteras están cortadas y deben volver a dormir al pueblo. Sin embargo cuando suena el despertador, se encuentra con que vuelve a ser el mismo día. El día de la marmota. La misma música en la radio, la misma gente en las escaleras, las misma conversaciones, los mismos hechos... Y esto le sucede una y otra vez... aunque delinca para acabar entre rejas, seduzca a la mitad de las mujeres del pueblo o se suicide de cuantas maneras se le ocurra. Sólo una cosa le permitirá que su vida avance otra vez a un ritmo normal. No voy a destripar el final, por si alguno no la ha visto.

Tu día de la marmota.

Yo conozco a mucha gente que vive su día de la marmota particular. Cierto que no suena la misma canción en el despertador todas las mañanas, pero viven una y otra vez la misma mierda de día (o de vida), la misma mierda de rutina (el transporte, los compañeros, la pantalla del ordenador) y siempre con la misma actitud de mierda. Y claro, ya lo decía Einstein: "Si siempre haces lo mismo, ¿por qué piensas que vas a tener resultados diferentes?"

Porque hay gente a la que le gusta vivir ese día de la marmota. O al menos lo parece. Porque no hacen nada por cambiar... por cambiar nada de nada. Esa gente que nunca e responde "Bien" cuando le preguntas "¿Qué tal?". Esa gente que está todo el día malhumorada, recordando la mierda en la que vive, el atasco, la cuadrilla de compañeros sinvergüenzas, el trabajo aburrido que hace, e incluso los marrones del colegio de sus hijos, etc etc.

Todo este montón de mierda sin embargo tiene solución, por increíble que parezca. Te voy a dar la buena noticia del día: abandonar tu día de la marmota sólo depende de tí. Y a falta de una, voy a dar dos soluciones.

Si no te gusta algo: Cámbialo.

Me encanta el esquema de la imagen. Es el resumen perfecto del artículo. Y quizás la primera pregunta (una vez te das cuenta de que no eres feliz) es la más importante de todas. "¿Quieres ser feliz?" Porque a lo mejor resulta que eres de esas personas que prefieren estar todo el p*** día reclamando. Si ese es tu caso, entonces sigue haciendo  lo mismo. Pero si realmente quieres que las cosas cambien, entonces pon algo de tu parte.

Ese atasco que coges todos los días... quizás si salieras quince minutos antes. ¿Que prefieres dormir? Entonces deja de quejarte. ¡Ah!, que la faena es lo lejos que te queda el trabajo de casa. Pues hay dos posibilidades: cambia de curro, o cambia de casa... o levántate quince minutos antes. ¿Sabes que hay gente dispuesta a chuparse el doble de atasco por tener la oportunidad de trabajar?

Es cierto que hay temas en los que te será más sencillo provocar cambios. El ejemplo de los quince minutos es muy simple, pero sin duda muy válido. Dejar tu empleo por cambiar de vida es más complicado (y según las situaciones personales de cada uno, aún más). Pero conoces a gente a tu alrededor que ya lo ha hecho y sabes que han sobrevivido; y lo mejor... es que ahora los ves más felices.

Si no te atreves a cambiarlo: entonces mejora tu actitud.

Pero a pesar de todo, voy a entender que seas incapaz de provocar un maremoto así en tu vida. Dejar tu empleo con 10 años de antigüedad y un salario que hoy no vas a poder encontrar en ninguna otra empresa son incentivos lo suficientemente grandes como para ponerse a hacer el doble mortal para atrás y sin red, mientras tus hijos te esperan en casa. Cierto. Pero en esta misma explicación están las palancas que te deben ayudar a cambiar de actitud.

Agradece el salario que tienes; y la antigüedad. Apaláncate pensando la suerte que tienes y lo agraciado que eres en tu situación. Búscale la vuelta al atasco aprovechando el tiempo que pasas en el coche escuchando algo que te guste; agradece el día de Santa Nómina o San Salario; aprovecha el tiempo con tu familia y aprovecha el tiempo que estás con tus compañeros en los que comentas las cosas buenas que pasan en vuestro entorno.

Y cuando te sorprendas una vez más cagándote en todo; o preguntándote porque el de al lado cobra el doble que tu si no pega un palo al agua; sin entender porque te tienes que chupar ese atasco todos los días... ese día vuelva al principio de este artículo, e intenta dejar atrás tu día de la marmota.

¿Y vosotros? ¿Habéis pasado alguna temporada viviendo vuestro día de la marmota?

Nos leemos.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Comentando las reacciones ante entornos VUCA

Hace un mes comencé a utilizar BlogsterApp, una aplicación (de la que ya hablaremos otro día) que básicamente recupera artículos antiguos del blog y los vuelve a colocar en las Redes Sociales. Esto tiene varios efectos: 

  • por un lado, las visitas al blog se mantienen aunque no publique dos artículos nuevos por semana; 
  • además la gente tiene la oportunidad de leer artículos que en su día se le pasaron;
  • pero lo mejor está siendo la cantidad de comentarios que estoy recibiendo (en la máquina del café o escritos en diversas redes sociales) por estos artículos que fueron escritos hace un tiempo. 
Y esta semana me ha gustado mucho el comentario que he recibido de un colega del trabajo sobre los entornos VUCA y como nos enfrentamos los humanos a esta realidad cambiante. Aunque está sentado en la mesa de enfrente, lo que hace que sea más sencillo comentarlo en directo, le prometí un respuesta y después de darle varias vueltas (gracias por hacerme reflexionar y pensar más sobre este tema) he decidido ponerla en forma de artículo.

El comentario está disponible en LinkedIn en su versión original, y no es que lo haya traducido, pero si que lo he reordenado. Por resumirlo (y espero hacerlo bien): a pesar de que no nos gusta y de que ponemos trabas al cambio creando situaciones estables artificiales, no nos queda más remedio que convivir con el cambio. Como podéis imaginar, hay partes con las que no estoy de acuerdo; partes con las que sí lo estoy;  y para que negarlo, una conclusión que comparto plenamente.

Sobre la estabilidad artificial.

Señala mi colega Pedro respecto a los entornos VUCA que “Estos nuevos entornos me resultan más inherentes al ser humano, puramente biológico, que los artificios que hemos creado durante siglos para establecer zonas de confort”. 

Aquí no acabo de estar del todo de acuerdo, porque aunque creo que como señala el poeta português Luis de Camoes, "O mundo está composto de mudança" (El mundo está compuesto de cambio); la velocidad y la intensidad del cambio es diferente incluso en la naturaleza y no tanto por la creación de "artificos humanos". En la historia del planeta han existido tiempos de crisis, de grandes cambios y continuos; y tiempos donde el cambio no es tan brutal. Poniendo situaciones extremas, las glaciaciones o la desaparición de los dinosaurios pueden ser momentos de crisis; pero las condiciones del planeta han sido bastante estables desde que los humanos han aparecido se han desarrollado por la faz de la tierra. (Y no se si el ejemplo está pillado con pinzas, pero es la analogía que se me ha ocurrido).

No creo que sea el hombre quien construya artificios para establecer zonas de confort. Simplemente sucede que hasta ahora (como dicen los anuncios de fondos de inversión, las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras; o lo que es lo mismo, no sabemos si esto seguirá así o si realmente hemos entrado en la época del cambio crítico continuo), a los momentos de revolución, les siguen periodos de calma. Y desde la revolución industrial, no ha existido un cambio tan grande en el mundo profesional como el que ha provocado Internet, por lo que posiblemente los que formamos la generación de los babyboomers y las siguientes generaciones (X, Y, Z, millenials y demás), no hayamos conocido más que este periodo estable y sin cambios (con sus momentos jodidos, que yo recuerdo perfectamente la reconversión de las industrias de altos hornos y astilleros de Bilbao o la minería en Asturias) que de repente se ha dado la vuelta. En el mundo laboral (y esto es sólo una opinión, que en su día ya fue rebatida por el propio Jeroen Sangers en su blog) las implicaciones de la digitalización están siendo brutales desde el punto de vista de la estabilidad y los entornos VUCA son inherentes a este fenómeno digital.

Sobre los deseos de estabilidad.

Lo que si me parece cierto es que al humano, cuando se hace mayor, le mola la estabilidad, la zona de confort, la seguridad. De acuerdo con lo que señalaba Pedro en el comentario: "De niños, la estabilidad es prácticamente igual a aburrimiento. ¿Por qué de adultos perdemos esa inquietud y buscamos esa "persistencia, certidumbre, sencillez y precisión"...". 

Estoy de acuerdo. A los adultos nos gustan los momentos estables, con esa sensación de control, de ser quienes estamos dirigiendo la situación. Realmente esto es así en general, aunque no les sucede a todos. Y gracias, porque si no fuera por aquellos que buscan el cambio, aquellos que quieren mejorar, muy posiblemente seguiríamos en las cavernas. Por lo que ya no se se si estos comportamientos están en el ADN del humano o los aprehendemos posteriormente.



Sobre como (sobre)vivir en estos entornos cambiantes.

Pero no puedo negar, que lo que más me gusta de todo el comentario es la frase inicial del mismo, que no por ir al principio no deja de ser la certera conclusión: “Al fin y al cabo todo se reduce al Darwinismo, adáptate o desaparece”.

Estimados... No se si preferís el mundo lleno de cambios actuales o vivíais mejor en esa sensación de seguridad anterior. Posiblemente sea lo segundo. Con ese puesto de trabajo, esa carrera ya medio hecha, ese control sobre la materia, ese control sobre vuestra jornada laboral. Ya casi tan acostumbrados que el mayor problema era el cambio de jefe o de departamento. Lo siento... creo que esa situación se ha acabado.

Da igual en que nivel nos pongamos a pensar. Independientemente del nivel que quieras analizar, vivimos en entornos VUCA. 

  • Vuestro día a día laboral ya es VUCA. No sabes que te vas a encontrar mañana a las 10 de la mañana y si eres de los que planificas todo el día, ya te habrás dado cuenta de que ningún día consigues cumplir tu planificación por el millón y medio de cosas que saltan de improviso. (Gracias David por este maravilloso artículo que me he encontrado en mi pocket cuando ya estaba pensando en estas líneas)
  • Vuestro puesto fijo en la empresa... Ya no es tan fijo. Tu que pensabas que eras intocable... Mejor que te vayas actualizando y poniéndote al día. Fórmate, aprende, cambia de forma de trabajar, no pares de aprender...
  • En realidad, toda vuestra empresa vive en un entorno VUCA. Mañana puede ser opada, o podrá opar a otra compañía o simplemente se quedaré fuera de negocio, o quizás mañana cambie de actividad para seguir viviendo.
  • Hay sectores enteros que viven en un entorno VUCA. Que me lo digan a mí que trabajo en banca. ¿Cuales eran las mayores compañías por capitalización bursatil hace 20 años? ¿Y hoy?
  • Pero es que las relaciones internacionales también son VUCA. Hace un año nadie pensaba en un mundo como en el que vivimos ahora. Era imposible que USA se volviera hiperproteccionista o que un país saliera de la Unión Europea por su gusto y gana.


Lo repito y casi que concluyo: queramos o no queramos, vivimos en un entorno VUCA. Sólo puedes hacer dos cosas, como bien señala Pedro: o te adaptas o desapareces. Y no es bueno que lo pienses demasiado. Se permite un par de días de luto pensando en aquella situación tan idílica en la que vivías, pero no pierdas más tiempo pensando en lo maravilloso que era, ni en lo de puta madre que hubiera sido si... La realidad es la que es y hoy por hoy toca estar pendiente de como se mueve el mundo, y darle una nueva oportunidad no pensando nunca que "cualquier tiempo pasado fue mejor".

¿Y vosotros? ¿Ya os estás preparando para estos entornos VUCA? ¿O pensáis que esto se calmará y todo volverá a ser como era?

martes, 24 de enero de 2017

Dando feedback de formas muy distintas.

No es la primera vez que hablamos del Feedback en este blog, de hecho quizás puede ser uno de los aspectos más tratados en el mismo junto con los temas de productividad. Y es que ayer por la noche, me encontré un programa en televisión que me hizo recuperar una idea que ya he comentado muchas veces con mucha gente sobre el "feedback" que damos y la forma en que vertimos opiniones. Y me llego a preguntar si existe un "tema cultural" en la forma en que damos nuestro parecer sobre cualquier tema. A todo esto, el programa no era en uno de esos canales de documentales que puede tener “el plus” (o como sea que se llaman las nuevas plataformas televisivas que no conozco). Era de Clan TV; sí, el canal de dibujos animados que ven nuestros hijos. Y el programa era ¡¡MasterChef Junior!! en su versión americana.

Para quien no lo conozca es un concurso de cocina entre aficionados (con un nivel muy elevado) y con sesiones de formación (que no se ven en el programa) de una semana a otra. El original es para adultos, pero hay una versión infantil en Navidad y este año han tenido una versión para famosos y todo. Los concursantes hacen platos y los jueces los valoran emitiendo su juicio tras probar los platos y muchas veces durante su preparación. Yo, ayer, me encontré con la evaluación final que tres chefs hacían de un pastel que presentaban los niños… vamos, los responsables dando feedback a los pupilos. Y me chocó lo diferente que resulta ese ejercicio en la versión americana y en la versión española.

Ayer, en la versión americana, todos los pasteles estaban buenos cuando los chefs probaban delante de los niños. Los expertos indicaban en algunos casos que las proporciones, la combinación de sabores o la masa podían mejorarse y allí mismo indicaban cual era la forma de mejorar (más tiempo de cocción, etc). Yo estaba asombrado porque en la versión española caen bastantes "collejas" (por favor, no es literal, sino metafórico) y después de la valoración de los jefes, muchos niños (y adultos) no pueden contener las lágrimas, cosa que ayer no pasaba. En aquel momento me picó la curiosidad y me quedé viendo el programa hasta el final. En esta versión americana y de cara a los niños, el trabajo estaba bien hecho y tenía opción de mejora. Posteriormente se ve la deliberación de los jueces y se escuchan los comentarios (esto en la española no sucede así). Y realmente parece ser que algunos pasteles estaban malos y otros estaban muy buenos. En ese momento los jueces deciden quien debe dejar el programa. Para comunicarlo, se llama a cuatro participantes, a todos ellos se les comentan cosas buenas y menos buenas y se señala qué dos participantes no estarán en la siguiente fase “porque no han alcanzado el mejor nivel de sus compañeros”. Ni una sola lágrima.

La versión española es más lacrimógena (a lo mejor esto también es una cuestión de caracter y cultural). Se comentan mucho más los errores que las virtudes, no recuerdo yo que se hable en positivo y muchas veces hasta se hurga en la herida. Y no me estoy metiendo con el jurado ni nada, pues creo que hacen su trabajo y si a la audiencia le mola... (yo no soy crítico de TV y además, lo cnfieso, suelo ver el programa). Para mi el tema está en si esto es algo común en nuestra cultura

Entonces recordé otro programa de televisión con dos versiones diferentes y que me resultaba igual de extremo en las diferencias de feedback: “el jefe infiltrado”. Para quien no lo conozca, un "jefazo" de alguna empresa pasa por varios puestos de la cadena de valor de su empresa, normalmente con su conocimiento de jefe pero su escaso conocimiento para los puestos en cuestión. Es cierto que uno puede dudar de la veracidad de estos programas, pero no es ahí donde yo quiero entrar; sino en los comentarios que los empleados vierten de la empresa al "nuevo compañero".

En la versión americana, los trabajadores muestran áreas de mejora al nuevo compañero. Si esto lo hiciéramos de esta otra forma seríamos más productivos; si cambiáramos este producto podríamos vender más, tengo esta nueva idea que podría mejorar este indicador... Todo va en un tono muy positivo. En la versión española... todo lo contrario. Mucha crítica, mucha destrucción y poco positivo. "Esto es una mierda", "arriba no tienen ni puta idea", "para que voy a hacerlo mejor si esto no lo soluciona nadie"... 

Es cachondo, porque la gracia del programa es que para acabar el programa, el jefe infiltrado llama a sus compañeros al despacho, que flipan cuando ven ("Oh my god!!!") que su compi resulta que es el Director General y este les recompensa sus buenas ideas para mejorar el negocio con mejores puestos, mejoras salariales o regalos puntuales. En la versión americana, donde los trabajadores dan consejos en positivo tiene un pase; pero en la española, cuando Manolo ha estado despotricando hasta de la madre del Director... Bueno todo sea por el espectáculo.

En resumen, ¿tenemos una forma mucho más negativa de dar feedback los españoles que los americanos? ¿O solo tengo yo esta sensación? ¿Somos más ácidos en la crítica? ¿Hacemos crítica constructiva o destructiva? ¿Tenía razón Van Gaal cuando entrenaba al Barça y decía aquello de "Siempre negativo, nunca positivo"? ¿En el mundo de la empresa, alejados de las cámaras, también somos así? ¿O es que yo estaba ácido ayer por la noche?

Nos leemos.

domingo, 22 de enero de 2017

Departiendo sobre productividad, autoempleo y otros temas

La verdad es que en estos casi dos años de publicación continua el blog me ha deparado muchas sorpresas muy agradables. El reconocimiento de los conocidos y compañeros del trabajo que empezaron a leerlo ya en su orígenes; los comentarios escritos en estas mismas páginas por diversos lectores; o la difusión de estos artículos a través de redes sociales por muchas personas. Un salto importante fue ser citado en dos blogs que para mi eran un referente en el mundo de la productividad personal por el artículo sobre la Ley de Parkinson: El Canasto de Jeroen Sangers y Cambiando creencias de Antonio José Masiá. Pero todavía fue más satisfactorio comenzar a desvirtualizar a algunos de estos "héroes" y poder conocerles en persona. Este año cuando el equipo de ÓptimaLab me invitó a cenar con ellos fue un auténtico subidón; lo mismo que recibir la invitación para el Café y Productividad de noviembre al que por asuntos personales no pude asistir finalmente.

Esta semana he podido desvirtualizar a otra persona que se puso en contacto conmigo al empezar este año. Roberto Gonzalez Fontenla, autor de "Autónomo para dummies" me escribió a través de Twitter a principios de año y esta semana pasada pudimos quedar en Boadilla para poder charlar un rato de todo un poco. Roberto es un trotamundos. Pionero de Internet en su Galicia natal, donde hasta ganó premios por el diseño de una de sus primeras webs, emigró a Sevilla para finalmente afincarse en el norte Madrid (hice los deberes antes de juntarme con él :-))

Resulta muy interesante que alguien con su experiencia te cuente como fue el proceso de escribir un libro (bueno, dos, el segundo de próxima aparición); o te cuente detalles sobre su proyecto "Emprender A los 45" y la demoledora sentencia "A los 45 nadie va a leer tu currículum"; sobre sus planes de futuro o sus ponencias actuales. Que además te pregunte acerca de aquellos tema sobre los que escribo por gusto y gana; o que comente contigo su visión sobre el futuro del trabajo es altamente enriquecedor por muy estremecedora que resulte la visión a medio plazo (ojo, no digo que sea positiva ni negativa, simplemente diferente). 

Es un placer poder departir con gente con tanto conocimiento, bagaje y experiencia. Una fuente de preguntas (el origen del conocimiento está en hacerse preguntas constantemente) e ideas para próximos artículos y de pensamientos para el largo plazo, de esos que hacen replantearse ciertas cosas. Además, como se puede ver en la foto, me llevé un ejemplar de su libro dedicado y me ha dejado en préstamo algunos otros libros para poder echarles una lectura. Muchas gracias Roberto por un rato tan productivo.

¿Y vosotros? ¿Desvirtualizáis a vuestros lectores o escritores favoritos? Sin duda, por mi experiencia vivida con muchos de vosotros, creo que sí, porque además seguro que acabáis sacándole esa parte positiva y de aprendizaje que todas estas conversaciones tienen.

Nos leemos.


miércoles, 18 de enero de 2017

Recuperando hábitos e incorporando alguno nuevo

Decía en el pasado artículo que ya nos hemos incorporado de nuevo al trabajo tras las vacaciones y que me estaba apoyando en 3 palancas en mi intento por volver más productivo de lo que me fui: la actitud (sin buena actitud no vamos a ningún lado); el día antes de volver al trabajo (del que ya habíamos hablado con anterioridad) y mencionaba una tercera palanca o factor que lo dejaba para el artículo de hoy: los hábitos. Sin duda alguna, otra palanca vital para ser productivo en tu día a día. Por eso, desde la vuelta al trabajo he recuperado hábitos antiguos y estoy incorporando hábitos nuevos, aunque he de reconocer que alguno de los que tenía también se han caído. Vamos con ellos

¿Qué es un hábito?

Un hábito es cualquier comportamiento aprendido que es repetido regularmente y de una manera automática. Vamos que lo haces sin darte cuenta, están automatizados y ni siquiera consumen energía porque ya están interiorizados. Un ejemplo de un hábito muy interiorizado es el cerrar la puerta de casa con llave. ¿A que alguna vez te has vuelto a subir las escaleras porque ni siquiera eras capaz de recordar de haber cerrado físicamente la puerta? Sin embargo habías cerrado la puerta y echado la llave, sólo que es tan automático que ni nos damos cuenta. Pues así hay varios en nuestra vida, como lavarse los dientes, o en mi caso darme las gotas de los ojos todas las noches. 

Y por supuesto, hay hábitos que nos permiten ser más productivos.

Los hábitos que estoy recuperando.

En mi vida familiar hay dos momentos muy claros donde debo aplicar mis hábitos para evitar que las cosas se compliquen: la hora del desayuno y la hora de la cena. En el primer momento porque hay que estar a una hora determinada en la parada del autobús y si no la ruta se va; en el de la hora de la cena: para que la hora de irse a dormir del pequeño no se retrase demasiado y empecemos a acumular sueño el para el resto de la semana. Mi desayuno, cambio de ropa, afeitado, etc debe estar antes de que a las 07,30 le despierte al crío para vestirlo, obligarlo a desayunar, tener todo listo y salir puntuales de casa. Por la noche, las horas de baño, quien hace la cena, cepillado de dientes y contar el cuento están dentro de un procedimiento de precisión suiza. Si salimos tarde, el día se complica para todos; si nos dormimos tarde, el día siguiente va a ser duro para todos.

En mi vida profesional no distingo estos momentos, sino que son comportamientos que intento mantener todo el día. Hay un hábito que estoy muy contento de haber recuperado: Anotarlo todo. Es la base de todo sistema de productividad porque si no puedes confiar en él antes o después se vendrá completamente abajo. Y anotarlotodo es clave para poder tener confianza en el sistema. La cabeza no está para recordar sino para pensar y cuando tienes un millón de cosas en la cabeza que simplemente son recordatorios de lo que tienes que hacer, entonces tienes dos problemas: 

  • No te concentras en lo que estás haciendo en cada momento, porque siempre vuelven esos pensamientos. Siempre está ahí eso otro que tienes que hacer y no te deja concentrarte en aquello que debería ser tu foco en ese momento.
  • No te puedes asegurar de que llegado el momento te vayas a acordar. Un ejemplo… ¿Cuántas veces has ido a la tienda sin lista de la compra y al llegar a casa con todo encima te das cuenta de que no has comprado las patatas para la tortilla?

El segundo hábito que estoy recuperando es el del ejercicio físico. Y lo añado en la parte profesional porque ya soy un convencido de lo bueno que tiene hacer ejercicio para rendir más. Relajas musculos, sueltas tensiones, tienes un tiempo para no pensar en nada… Yo paro al mediodía y vuelvo a la oficina con las pilas cargadas, para que negarlo. Acompaño esto con más hábitos saludables como el de las cinco comidas (ya me han hecho el comentario sobre el café con tostadas de las cinco de la tarde en el currelo), he vuelto a dejar la coca cola y evito las comidas copiosas. Todo esto me ha permitido en una semana recuperarme de los excesos navideños que se notaban bastante bien en la hebilla del cinturón y sobre la misma.

El hábito que estoy introduciendo.

Estoy incorporando un hábito a mi rutina diaria, normalmente en el momento del ejercicio, pero voy a probarlo en los trayectos en coche (hoy mismo he empezado sin dejarlo para mañana): escuchar podcast. Magníficos archivos sonoros con gran cantidad de conocimientos. Todos los días que he ido al gimnasio he escuchado varios de estos archivos. Por un lado los que en su día subió Berto Pena con el nombre de ThinkWasabi (el mismo que su blog), pero también estoy escuchando un podcast de “Aprendiendo GTD”. No tomo notas sobre los mismos, pero oye, los 30 minutos de cinta no solo te reformas físicamente sino que además te formas mentalmente (Menos sana incorpore sano, al fin...). No, está claro que no llevo ni los 21 días que dicen unos, ni los 66 que dicen otros. Pero de momento… visita al gym, podcast que cayó. Y ni tan mal.

Quiero ir incorporando nuevos hábitos, pero todo el mundo dice que sólo uno nuevo a la vez. Así que de momento me aguanto. Pero cada vez leo más sobre el tema de mindfulness y meditación y tengo ganas de ver si soy capaz de incorporarlo a la rutina mañanera. Pero lo dicho, únicamente cuando el del podcast ya esté implantado.

Los hábitos que se han visto afectados por el cambio en las condiciones.

Hay dos hábitos que se han visto modificados por cambios producidos en casa. Hasta las navidades, aprovechaba el tiempo que va desde las 21,30 (el niño se va a la cama) hasta las 00,00 (los papis se van a la cama) para “hacer mis cosas”. Normalmente estas eran dos actividades: Leer y/o escribir. Y no lo voy a negar… desde que hemos vuelto… me están costando. Y hoy he sabido explicar perfectamente el motivo. Desde la vuelta del verano nos acompañaba en casa mi suegra, y mi mujer y ella se hacían compañía en ese rato. Veían la tele y charlaban o discutían entre ellas. Y yo aprovechaba para leer blogs, webs y libros o me dedicaba a darle vueltas a los artículos de este blog. Pero a principios de enero mi suegra volvió a su casa y yo prefiero poder estar ese rato con mi mujer y hacernos compañía en vez de estar tecleando o leyendo. Habrá que encontrar tiempo para todo

Acabando que es gerundio.

Como veis, la vuelta a la "normalidad", el colegio, el trabajo, las extra escolares, los procedimientos diarios nos "obliga" a retomar hábitos, comportamientos casi automatizados que además nos permiten avanzar mucho sin casi cansarnos. Si somos capaces de incorporar esos hábitos productivos a nuestro día a día conseguiremos aumentar nuestra efectividad. ¿Y vosotros? ¿Cuáles son vuestros hábitos más productivos? ¿Habéis incorporado alguno nuevo últimamente?


viernes, 13 de enero de 2017

Volviendo al trabajo tras las vacaciones

 Bueno, pues ya se acabaron las vacaciones de Navidad y ya hemos vuelto al trabajo. Supongo que va por sectores, empresas y las situaciones familiares de cada uno de nosotros, pero en el caso de mi empresa, muchas personas estamos fuera del trabajo estas dos semanas o una gran parte de ellas, por lo que la vuelta es bastante dura; aunque a su vez, todo el mundo reconoce haber desconectado lo suficiente.  Este año me propuse que mi vuelta "a la normalidad" fuera lo más productiva y positiva posible. Y para conseguirlo me he apoyado en tres palancas principalmente: la actitud, el día antes y los hábitos. Acompáñame para ver si tu sigues alguno de estos comportamientos o si puede ser positivo que los incorpores en el futuro.

La importancia de la actitud en la vuelta al trabajo.

He estado dos semanas de vacaciones. He desconectado, he hecho algo de ejercicio, he estado con la familia, me he cruzado la Península de Sur a Norte, me he tomado unas cañas en Sevilla en una terraza en mangas de camisa y me he congelado esperando a Sus Majestades los Reyes Magos en mi querida Pamplona, he leído y he escrito, he jugado al ajedrez y me vuelvo al tajo con unos kilos de más por las abundantes comilonas y cenorras. Han sido unas vacaciones muy interesantes y realmente divertidas. Pero ya está, se acabaron y toca volver al tajo. Y me niego a volver pensando únicamente cuando llega el próximo puente, o si este año la Semana Santa cae antes o después.

Muchos estudiantes esperan al "finde" porque quieren irse de borrachera. No es una buena actitud. Menos si lo único que te mueve en este mundo son los pedales que se agarran el fin de semana. Pues en el segmento de los trabajadores vivir esperando "el próximo finde" o "el próximo puente" es igual de triste. Si lo que tienes que hacer de lunes a viernes "es un infierno" haz algo por intentar cambiarlo. Además, esa actitud es demasiado contagiosa y negativa para el resto de compañeros.

Cierto que volver al trabajo tiene sus cosillas malas, pero también tiene sus cosas positivas, y en esas has de apalancarte para tu vuelta. Las comidas con los compañeros y los ratos de café, sí, pero también los logros individuales y en equipo o la resolución de situaciones complejas o los nuevos proyectos... Todas esas cosillas refuerzan esa actitud que ha de mantenerse a pesar de que a la vez que tu vuelvan esos compañeros cenizos. Y de momento, esta actitud positiva se mantiene en la mayoría de mis compañeros.

Aprovechando el día antes para volver al 100%.

No es la primera vez en la que señalo la importancia del día anterior para ser más productivo. Pero es que tras un periodo de casi 15 días fuera de la oficina, dedicar un rato el día anterior a preparar la primera semana de trabajo es una gran ayuda... o al menos para mí. 
Durante las vacaciones he desconectado al 98%. Ese 2% (por decir una cantidad) lo he dedicado a borrar correos electrónicos con el móvil una vez cada dos días (más o menos). No he respondido a ninguno de los correos que me han llegado, de hecho mi aviso de "fuera de la oficina" estaba encendido. Y únicamente borraba esos correos que simplemente, por el remitente ya sabes que no tienen ningún valor. Y esa ha sido toda mi actividad laboral hasta el pasado domingo.

El domingo madrugué. Retomé mi lista de proyectos y realicé un repaso exhaustivo de cada uno de ellos. Recordar en que punto se encontraban o cuales eran las próximas tareas a realizar en cada uno de ellos. ¿Algún nuevo proyecto a la vista? ¿Estaba a la espera de recibir alguna información? ¿Tenía que escribir a alguien? La verdad es que hasta que se levantó Pablete y nos hicimos el desayuno avancé bastante en mis proyectos. El principal motivo para madrugar es no quitarme horas de jugar con mi hijo, que estaba disfrutando de sus juguetes nuevos y nos fuimos a tomar jugar un rato al fútbol y a tomar el vermú.

Por la tarde saqué un rato para revisar los correos entrantes, los que aún se mantenían tras el borrado periódico del periodo vacacional. Había un par de peticiones de información relevantes que fueron procesadas y que durante la semana he llevado a cabo; e incluso dejé un mail preparado para enviar, pero sin salir de la bandeja, puesto que era el último día de vacaciones de mis compañeros.

Este trabajo no sólo me ha sido rentable el lunes, sino toda la semana y este jueves sigo sacando réditos a esta preparación previa y a los hábitos que he recuperado y que estoy incorporando. Pero viendo que este texto se me está yendo en extensión, y que ya tengo ganas de publicar algo nuevo, creo que lo dejaré aquí por hoy.

¿Y vosotros? ¿Como preparáis vuestra vuelta al tajo?